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  • Foto del escritorImperitura

Se dice de mí...

Actualizado: 21 jun 2022

Hay tres tipos de personas: las que temen al qué dirán, las que no y las que están convencidas de que no, pero con el tiempo se dan cuenta de que un poco sí. Yo pertenezco a ese tercer grupo, pues por mi personalidad, duré muchos años de mi vida creyendo que no me sentía afectada por lo que las personas pensarán de mí, aunque recientemente he cambiado esta idea al madurar y crecer, algo que me ha dado la experiencia.


No soy alguien que se acople con facilidad a los cánones establecidos por la sociedad; de hecho lo que más me importa es ser fiel a lo que soy, aceptando que puedo ser incoherente de muchas formas.


Sé que tengo personalidad y carácter fuertes, por lo que soy consiente de que esto no es fácil de digerir para todos, pero no por lo mismo significa que debo ser alguien más.


Me cuesta trabajo mimetizarme, soy directa y digo lo que pienso sin filtro (con las consecuencias que eso tiene), me disgusta la hipocresía y me considero auténtica. Soy leal y no me gustan las mentiras, por lo que trato de no decirlas. Tengo muy buen olfato e intuición por lo que sé quién es quién solo con escuchar, y poseo una memoria prodigiosa que me hace recordar detalles que me ayudan a construir la imagen que tengo sobre los demás y que por lo general no falla. Mis gustos y creencias no son tan comunes, por lo que a veces no son aceptados, aunque no hay problema con esto, desde que no haya irrespeto hacia mí de ningún tipo. No pretendo caer bien a los desconocidos, ni ansío ser aceptada por la sociedad, no tengo intenciones de hacer lo que se espera de mí, más de lo que yo misma quiero ser. Estoy en la búsqueda de quién soy como meta personal, y ver en qué me puedo transformar. Me siento feliz con los míos y las amistades que tengo porque me conocen, me respetan y me aman como soy.


He encontrado en el amor de mi familia y amigos verdaderos, un espacio de aceptación plena de mí, con mis aciertos y en especial con mis fallas. Pero así mismo entiendo que eso no significa que todos deban ser igual de receptivos con quién soy. Supongo que ese afán de reencontrarme, me ha hecho notar que querer ser no siempre está bien visto en la sociedad actual.


Y cabe decir que así como he sentido el respaldo de los míos, también he recibido las miradas criticonas de algunos sobre mí. Se han dicho cosas que no son ciertas, solo porque quien soy, al parecer, molesta a unos cuantos; les incomoda a profundidad el hecho de que no pretendo encajar. El mundo se siente intranquilo con la autenticidad, y sé que evidentemente reniega de quien no finge, y no tiene tantos pelos en la lengua.


Aunque no quiero afectarme, estás palabras que en algunos momentos pueden ser duras; se sienten como puñaladas de hielo, al recordarme el ser inseguro que también soy y mis esfuerzos constantes por tratarme con amor infinito se pueden ver un poco mermados. Quisiera regalarme la paz interior suficiente para entender que no controlo lo que piensan los demás sobre mí, pero sí puedo darle manejo a cómo me siento sobre eso.

Ni todo lo que se dice es cierto, ni podemos creer lo que escuchamos sobre los demás, porque se trata de almas humanas que llevan procesos internos que en muchas ocasiones pueden ser muy dolorosos.


Siendo una persona crítica y criticona, comprendo que debo dejar de sentirme esa jueza de récord magnífico, porque aunque hago esfuerzos por ser mejor persona, sé que no soy perfecta. Y la crítica solo expresa una opinión, pero eso no lo hace una realidad. Yo soy un alma con luces y sombras, asumiendo que no soy lo que opinan los demás sobre mí. Esas son sus proyecciones y al final es su problema. Quisiera ser más compasiva con los otros para entender que cada uno está llevando su proceso personal y que no conozco nada sobre su interior, por lo que no puedo sentirme con derecho a decir siquiera una sola palabra.


Si vuelvo a recibir un comentario mal sano, mal intencionado y destructivo, trataré de recordar que eso siempre dice más sobre la persona que lo expresa, y no sobre quién se habla.

Es fácil criticar al diferente, al que rompe el molde. Afortunados somos de estar en tiempos más modernos donde se nos permite ser y vivir de una forma un poco más libre.


Así que hablen, digan lo que quieran, lo que opinen los demás sobre nosotros no nos define; nunca seremos la opinión ajena. La única valoración que vale la pena es la que tenemos sobre nosotros mismos y debemos procurar mantenernos siempre fieles a nuestra alma.


La opinión es absolutamente irrelevante, es por eso que como dice mi mamá: al bagazo, poco caso...


Imperitura.


Foto de Kamaji Ogino en Pexels


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