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La oscuridad y la luz

Actualizado: 14 nov 2021

Hoy leí una texto maravilloso de @lopezgrafico que explicó perfectamente lo que siento y lo quiero compartir:

“Si vas a cambiar, va a doler, algo se acabará. Cuando la oruga quiere ser mariposa, sufre, se aísla, deja su antigua forma y al final comparte su belleza. Cuando cambiamos todo se va a derrumbar pero si lo hacemos por nosotros, vamos a poder volar”.


La oscuridad: Así toqué fondo.

Me parece casi que irreal que esté compartiendo este espacio de mi alma. Me avergüenza aceptarlo por la falta de control que tuve sobre él todo este tiempo; me ha inmovilizado y me ha paralizado cuando he querido salir corriendo, cuando he querido gritar, cuando he querido cambiar desesperadamente. Desgraciadamente, el miedo y yo estuvimos una relación estable por mucho tiempo. Como una relación tóxica que se respete, olvidé lo que era vivir sin él, aun siendo consciente de lo que provocó en mí. Falsamente cómoda con él pero en el fondo sabiendo que nada iba bien entre nosotros. Ese miedo del que hablo es mi oscuridad.


Por mucho tiempo viviendo mi vida en piloto automático, sin respirar profundamente y perdiendo el tiempo que cada vez es más escaso. Cada día pasa igual al anterior, siendo miércoles o domingo sin diferencia alguna. Y esto no es que haya sucedido porque tenga la misma rutina; ojalá yo fuese ese tipo de persona de rutinas sanas y disciplina indestructible que sabe para dónde va y qué quiere de sí misma. No, esa definitivamente no he sido yo. Me parezco más a la persona que en algún momento no logró comprometerse con nada personal a profundidad. Sentí que tenía algunos talentos desarrollados mediocremente y no hice nada para mejorarlos. Fui una seguidora de los sueños ajenos olvidando los propios. Hice tantas cosas que no quise realmente porque no era capaz de escuchar lo que me decía el corazón.


Y así fue cómo me sumergí total y profundamente en mis miedos, y me convertí en eso que nunca me imaginé ser. Spoiler alert: también fui todo eso que nunca creí ser. Mi relación conmigo misma nunca estuvo más lejos de ser lo que debería. Dejé de soñar y de creer que lo imposible es posible. Olvidé lo que quería ser de niña. Me comparé tanto con los demás, al punto de casi convencerme de que soy incapaz. No creí lo suficientemente en mí, y me privé de hacer cosas por el simple miedo a fracasar. Dejé de hacer cosas porque aunque me lo negué por mucho tiempo, sí me importaba lo que pensaban los demás de mí (los que me aman y los que no). Me juzgué tan severamente como si fuera mi peor enemiga y después de todo esto, probablemente lo fui, viviendo llena de culpabilidad por no tener las riendas de mi vida.


Estuve tan dormida que ha sido más fácil culpar a los demás por mi falta de fuego interno, que culparme a mí por mi falta de responsabilidad sobre lo único que tengo en realidad que es mi propia vida.


Fui tan ciega que no vi con claridad cómo yo estaba siendo la principal saboteadora de mi vida y la misma vida solo quería despertarme. Y como yo quería seguir dormida, ella misma me despertó de la manera mas violenta que pudo hasta que al parecer entendí el mensaje. Necesité ver derrumbadas muchas ideas y creencias que simplemente me estaban alejando del propósito de mi alma y de ese ser que soy en el fondo de mi corazón.


Y me di cuenta que el despertar espiritual no es cómo yo creía. Se parece más a una gastroenteritis emocional donde se va lo que inflama, infecta y que al final produce dolor, para solo quedar lo necesario. Esa pequeñita chispa que por alguna razón me devolvió a mi luz.


La luz: La historia del despertar.

Después de pasar por semejante diarrea emocional, en donde vi los peores aspectos de mí misma y toqué mi propia oscuridad al pasar por un momento muy difícil de mi vida a nivel personal, puedo decir que estoy despertando, aunque el camino es muy largo y es fácil perderse nuevamente. Ahora entiendo que como soy oscuridad también soy luz y se necesitan el uno al otro para existir; en el equilibrio de ambos está la fuerza que necesito para lograr cumplir con mi verdadero propósito, con lo que me sale verdaderamente del corazón. Negar mi oscuridad sería negar mi propia luz.


En este camino entiendo que solo escuchándome atentamente y mirando las cosas desde la perspectiva más simple, puedo llegar a las respuestas más complejas de mi propia existencia. También empiezo a tratarme con más amor, a entender que cada vida tiene su propio tiempo de florecimiento, a escuchar a la niña que alguna vez fui y que normalmente tiene la razón. A reencontrarme con mis talentos y dones sin quitarles importancia o subestimarlos. Y recordar (por ratos) que lo imposible es posible.


Los miedos siguen ahí; tal vez algunos me acompañen para siempre, otros se vayan y vengan unos nuevos. Lo que sí tengo claro es que en lo posible trato de que no me paralicen y más bien me pongan en un estado de alerta que genere el fuego que me mueva a hacer las cosas que me hacen feliz y me llenen. También soy consciente de que no puedo controlar lo que los demás piensen de mí pero trato en lo posible de no afectarme por algo que no es más que una proyección sobre mí, pero que esta no es realmente yo.


Aún sigo teniendo momentos tipo “piloto automático" pero ahora a diario respiro a propósito solo por el hecho de hacerlo, compartiendo con las personas que amo y me acompañan en este viaje, escribiendo las locuras que salen de mi cabeza, probando el té con el gusto y el olfato y disfrutando de cocinar, algo que nunca me imaginé hacer, entre tantos momentos que componen el tiempo que tengo aún aquí. Quiero ver mi vida pasar encontrando la magia de las cosas simples y de las cosas complejas, que no veo muchas veces por estar metida de lleno en los problemas y la cotidianidad.


Y por supuesto quiero llegar a ese lugar en donde se cumplen los sueños por más absurdos que parezcan, sintiéndome muy orgullosa de mí y de las cosas que con amor y esfuerzo pueda lograr. Eso sí, tengo que trabajar en la disciplina y una especie de rutina, que funcione con mi vida y con quien soy.


El proceso no está completado; sería muy iluso de mi parte creer que por haber pasado por un momento duro ya estoy totalmente despierta. El despertar espiritual se da con el trabajo diario en mí misma, en la consciencia y la coherencia con la que intento vivir mi vida día a día.


Los seres humanos somos cambiantes por naturaleza y por lo mismo estamos en constante destrucción y reconstrucción. Esto solo significa que siempre hay oportunidades para hacer lo que verdaderamente nos nace así implique un constante cambio. La vida es una sola y no veo la necesidad de vivirla de una sola manera.


Si estás inmerso/a/e en tu propia oscuridad, te abrazo y te acompaño de corazón a corazón mientras termina la oscura noche y amanece con brillante luz para ti.


El viaje de retorno a casa ha comenzado para todos.


Con amor para quien lo lea y para quien lo pueda necesitar.


Imperitura.




Foto de Joshua Brits en Pexels


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