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  • Foto del escritorImperitura

No tiene que ser perfecto para ser maravilloso

Actualizado: 27 nov 2021

Algo que detesto es cuando le preguntan a alguien que cuál es su peor defecto y responde: ser perfeccionista. Y como todo lo que nos molesta de los demás, es lo que debemos mirar de alguna forma en nosotros, claramente yo soy una persona a la que le gustan las cosas perfectas.


No tengo esta búsqueda en todos los aspectos de mi vida (menos mal, porque es algo muy desgastante); me refiero más a mi relación conmigo y lo que puedo lograr. Soy exigente con cada una de mis ideas y proyectos, con las cosas que quiero conseguir en mis procesos y en general, conmigo misma.


Este comportamiento ha generado en mí algo que no sé si le suceda a los demás, porque entiendo que la perfección mueve a algunas personas a ser mejores cada día; pero en mi caso, me paraliza. Me he sentido imposibilitada a tomar acción en muchas de las cosas que se me han ocurrido solo por el hecho de no considerarme perfecta.


Y esto no se trata de compararme con nadie más, porque la competencia más dura es la que tengo conmigo misma; los sentimientos de fracaso que me acompañan previamente a la acción, me hacen sentir que si no lo hago dentro de lo que yo considero perfecto, no sirve. No creo que exista un juez más duro conmigo que yo misma, y es una situación dolorosa y en especial, muy desgastante.


No soy capaz de recordar cuántas veces abandoné un proyecto sin ni siquiera empezarlo; son demasiadas. He pasado muchas vidas dentro de esta existencia, soñando con ideas y planes que no he visto cumplidos por mi necesidad de realizarlo en perfección, por no poder empezar y ya.


Bien sea por falta de experiencia y conocimiento, o por carencia de los bienes de los profesionales (nunca me ha gustado hacer nada sin los recursos ideales), yo misma me he bloqueado proyectos, que luego veo realizados por otros, de forma “imperfecta”. Punto para los que se arriesgaron, porque ya me llevan ventaja en ese recorrido.


Me genera mucha rabia y frustración saber que no lo he hecho porque he estado derrotada sin haber iniciado, por esa búsqueda de lo “perfecto”, que hoy más que nunca sé que no existe.


En los proyectos, hay que dar lo mejor que tenemos adentro para conseguir nuestras metas; saber hacia dónde vamos y lo que queremos lograr. Pero lo más importante es lanzarse al agua y nadar como se pueda para salir a flote; solo por el hecho de hacerlo. Aunque no sea de momento perfecto, es el impulso necesario para iniciar a recorrer el camino del aprendizaje y de la maestría (más que de la perfección). Sin la valentía para conseguir lo que deseamos, no obtenemos la experiencia que nos acerca un poco más a esa destreza.


Al iniciar cualquier cosa solo es necesario el quererlo empezar y buscar en la llama interna que todos tenemos, la fuerza en nosotros, que es lo único verdaderamente indispensable; lo demás viene producto de la vivencia y del aprendizaje constante.


Sin el disfrute del camino, de cada uno de los obstáculos y logros, no es posible encontrar satisfacción en el resultado; es como no ir a un viaje a ver el mejor paisaje del mundo, solo porque el trayecto es incómodo. Yo por lo menos, no quisiera perderme del resultado por no gozarme todo lo que viene con él.


Y con esto, la imperfección puede ser esa maravilla que nos lleva al viaje de nuestra vida, para encontrarnos con la olla de oro al final del arcoíris. Nunca tendremos certeza total de lo que viene, solo es una cuestión de fe, pero cosas extraordinarias suceden ante nosotros, si estamos atentos a verlas.


Tratémonos con más amor y busquemos siempre ser felices en lo que decidamos hacer.


Imperitura.


Foto de S Migaj en Pexels


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